Mostrando entradas con la etiqueta Vidas y milagros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vidas y milagros. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de agosto de 2011

Mi mama me mima

Cuando caía la lluvia, Josep, se encaminaba a su cuarto. Con sus andares mohínos, como si hubiese sido empalado el día anterior. Josep llego a la entrecerrada puerta y la abrió lentamente, esperaría encontrar en su interior algo aterrador escondido en la oscuridad de la habitación, pero no fue así.
Se tendió en la cama y comenzó a mirar el techo, y darse cuenta de la perfección del mismo, miró la mesilla de noche, nada que pudiese aclarar al intruso que penetraba en ella, la personalidad del propietario.
Josep lloró la noche anterior, ¿dónde están los restos de la batalla?. Cuando sienta de nuevo, quizás sea demasiado tarde.
***
Cuando caía la lluvia, Teresa, se encaminaba al cuarto de su hijo. Llevaba dos días sin ver a Josep por la casa. Abrió la puerta como si esperase encontrar un monstruo durmiendo en el espacio. mínimo, que quedaba entre los pies de la cama y el armario. Sobre la cama una nota.
***
Mamá, creo que a mis 32 años necesito más espacio, no llores, voy a ser feliz.
Josep
***
El techo de la nueva habitación de Josep tiene una fina grieta y una mancha de humedad en un rincón. Josep, sonríe.

martes, 10 de febrero de 2009

José Luís y Marta

Todo marchaba según lo previsto, la ceremonia, los invitados, las flores, el banquete solo faltaban los novios. Marta y José Luis no aparecían. El cura se ponía nervioso, los invitados miraban el reloj, hasta las flores parecían mustiarse por segundos.
Los testigos sentados en la primera fila de asientos de la iglesia se miraban y cuchicheaban entre si. A Marta la he dejado esta mañana a las 9 en la peluquería para que le retocasen el tocado, decía Mercé, amiga y testigo de Marta. Yo he hablado con José Luís esta mañana y dijo que llegaría un poco antes para que Marta no se tuviese que esperar, dijo Ángel, amigo y testigo de José Luís.
A los tres cuartos de hora de espera, ya resultaba patente la deserción de los novios, el cura dijo a los invitados que no podía esperar más y que dentro de un cuarto de hora tenía otra boda, que hicieran el favor de desalojar la iglesia.
Ángel y Mercé ya habían desistido en sus llamadas a José Luís y Marta, llamadas que iban a parar a un frío buzón de voz.
Los invitados en un murmullo general comienzan a salir de la Iglesia, y ¿ahora qué?. En ese momento los teléfonos de Ángel y Mercé sonaron y pudieron leer en sus respectivas pantallas el nombre de Marta y José Luís.

jueves, 29 de enero de 2009

Mikel

La vida no es lo que aparenta, siempre ha sido así. Conocí a Mikel a través de otro amigo, como muchas veces conocemos a gente nueva, no esperaba que Mikel se introdujera en mi vida de la manera que lo hizo. Fue una entrada a boca jarro, a los diez minutos me estaba pidiendo el teléfono y al día siguiente me estaba llamando para tomar una copa.
A pesar de todo, no se apenas nada de él, su trabajo se pierde en una maraña de vendedores y clientes que es difícil desenmarañar, su domicilio en alguna calle de la parte alta, ¿pareja?, Mikel dice que se llama Adela. Pero solo conozco a la tal Adela cuando la conversación juega en su contra, entonces un "Adela, me esta esperando que ya es muy tarde" acude automáticamente a su boca.
A pesar del tiempo transcurrido, ahora va a hacer 4 años, Mikel es un perfecto desconocido, un buscador insomne de vidas ajenas. A veces deseo que desaparezca con la fuerza que apareció en sus inicios y busco con ganas a un amigo que presentarle.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Jorge

Jorge es, a fin de cuentas, un iluso. Cree que el mundo le sonrie de una de esas maneras en la que tu eres el protagonista de tu historia. Y para Jorge, nada hay más distanciado de esta concepción. Ayer miraba de forma candida como caia la lluvia, el dia anterior miraba candidamente como hacia sol y estoy seguro que su mirada candida no cambiará ante ningún fenómeno atmosferico. Para Jorge todos los días encierran la novedad de algo que nunca pasa y que siempre se repite. Estoy seguro de que pasará algo asombroso, me dijo. ¿Pero cuando pasará?, le pregunte yo. Dentro de un momento, espera y veras, dijo él. Y los dos esperamos.
No se cuanto tiempo aguanto él, yo deje de mirar la lluvia a los diez minutos y al cuarto de hora habia abandonado por completo la espera. Jorge siguió pegado a la ventana cuando yo me marche, vi su cara de asombro y no se porque imagine que en ese momento estarían cayendo velas encedidas o una de esas extrañas lluvias paranormales. Cogí mi paraguas y sali sin despedirme. En la calle no habia nadie. Comencé mi regreso a casa.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Pau

A los niños habría que darles algunas razones para que dejasen de crecer, seguramente lo harían con ganas. Aunque esto es imposible. Los adultos nos hemos inventado para la ocasión el síndrome de Peter Pan. Gran invento y grave problema para los que lo padecen, aunque alguno lo lleva con gusto. Hablando con un amigo me di cuenta que él se había quedado en los 15 años, edad en la que todos tenemos ganas de superar, para él, por su lado, parecía haber sido el período más feliz de su vida.
A mi me lleno de consternación ver que su cerebro se había quedado estancado en esa triste, y llena de hormonas en expansión, que es esa edad para cualquier persona. Había tenido dos hijos, de los cuales no se preocupaba y con los que coincidía en la cafetería del instituto, no para verlos sino por que allí se encontraba a gusto. Ellos no le saludaban, ni se acercaban a él, y según Pau, que así se llama el elemento en cuestión, al menor de 13 años no lo reconocería si no fuera por que entraba con su hermano.
Yo le pregunte si era feliz, Pau me dijo que llevaba 31 años siendo feliz, vivía con sus padres, y no acostumbraba a ir a pubs ni discotecas por que no le gustaba el juego de la gente que iba allí. Todo un héroe. Después pensé que a lo mejor los gustos de Pau se acercaban más a la pederastia que al síndrome de Peter Pan y me estremecí.
Al día siguiente me encontré con su ex-mujer, le dije mi preocupación y ella se hecho a reír, que no me preocupara, dijo, a Pau le gustan las mujeres maduras como a la mayoría de adolescentes y cada noche de sexo era como si fuera la primera vez con él. Eso era lo que más le había gustado de Pau, pero en mucha cantidad llego a ser odioso.
Hoy envidio a Pau, por vivir con la intensidad de los 15 años la totalidad de su vida adulta y por otro lado, siento verdadera pena por haberse perdido las ventajas de la vida adulta.