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jueves, 20 de mayo de 2010

Para tí, Josep, no pasa el tiempo.

Todas las cosas cambian con el tiempo. Tu sonrisa, tus besos, tu roce, tus kilos de más, tus arrugas. Sin embargo, yo sigo como siempre, algunos pelos menos, algún empaste más, y pocas cosas más sin importancia, que feliz sigo siendo cuando no estoy a tu lado. Pero los años no pasan en balde para ti, quizás te haría falta algunas operaciones para volver a ser atractiva, pechos, un lifting, una liposucción, caderas... bueno lo normal que le gusta a un hombre y por lo menos dos o tres horas de gimnasio al día. Tampoco es demasiado lo que pido.
Creo que mi vida necesita un cambio, a mis 45 años no se puede quedar estancada hasta la vejez, cuando estoy en mi mejor momento, la vida puede volver a sonreirme.

viernes, 9 de octubre de 2009

Sala de espera

Cuando la vi entrar, no me fije en ella, podría decir que tampoco la vi entrar, pero sí, vi su sombra por el rabillo del ojo, después clave mi mirada en sus zapatos, baratos y sin tacón, por lo que a partir de ese momento dejó de interesarme.
Al cabo de un tiempo en el que me había acabado de ojear todas las revistas de la sala de espera entro la enfermera. Ella llevaba los suecos típicos de las enfermeras, acompañados de un pantalón verde quirófano y una bata a juego abrochada a la espalda, el pelo recogido. Nos miró.
- El familiar que acompaña a Lorenzo Goméz, pase a la consulta 1.
La mujer de las manoletinas baratas dio un salto y salio de la sala. Yo reí para mis adentros "seguro que malas noticias".
Mientras esperaba, ahora sin nada que mirar, comencé a echar de menos a la mujer, o madre o quizás hermana de Lorenzo Goméz y sentí no haberme fijado en otra cosa que en sus zapatos.
A las ocho entro la enfermera de nuevo hecho una ojeada a la sala.
-¿Queda alguien? - dijo una voz desde fuera.
- No, ya no queda nadie. - dijo la enfermera y apago la luz.
En ese momento lo vi y supe que era el, Lorenzo Goméz, sentado tres sillas a la izquierda de la mía.
- ¿Llevas mucho tiempo esperando? - preguntó
Una eternidad le contesté. Y el comenzó a hablarme de la mujer de los zapatos baratos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Desde ayer

Desde ayer no ha pasado nada. El tiempo no ha cambiado, sigue haciendo el calor de costumbre para esta época del año. Pepe sigue acostado, despidiendo ese horroroso olor a perros muertos. O quizás, sean los perros muertos los que huelen a Pepe. Hoy he usado un plato sucio para comer, por lo que no he aumentado el número de vajilla por lavar, aunque ya no queda ningún plato limpio. Y no se si es por la basura pero la cocina huele a Pepe, el comedor huele a Pepe, bueno, toda la casa huele a él. No sabría decir si esta más hinchado que ayer. Hoy me he levantado con ganas de hacer cosas pero ese olor me ha hecho tumbarme en el sofá.
Quizás baje mañana a la calle, se están acabando las latas de fabada de Eroski, a lo mejor, mañana Pepe huele un poco mejor. Hoy tenía tantas ganas de hacer cosas...
La regla me se ha retrasado una semana, parece que desde que no se levanta las cosas marchen cuesta arriba, sin embargo los días son iguales, tan iguales que parece que me haya metido en un bucle de espacio-tiempo, el mismo lugar, el mismo calor, el mismo olor, todo igual.
Mañana...